Pavol Janik

 

 

 (Slovakia)

 

 

 

 

 

 

El concierto

 

¡No temas al rebuzno súbito de la orquesta!
Aún no significa que el dirigente
ha visto mi mano en tu rodilla.
Permite un beso.

 

Date cuenta que el sexo te alarma no más que
la música está inquietada por el aplauso.

 

 

 

Somos profesionales

 

Basta enchufarnos la luna al crepúsculo,
como la moneda metida al autómata.
Partidarios de belleza se estremecen de asombro
y a coro declaman el himno.

 

Ascendemos naturalmente al cenit
como el globo frívolo.

 

Ya le envidiamos hasta a nuestra fama.

 

 

 

El homenaje

 

Rompes el cielo
por movimiento de manos.

 

Tus adoradores afectos
están en éxtasis.
Tantos admiradores
que sólo el archivo conoce
sus nombres.

 

¿A cuántos aún vas a fascinar?

 

Te deseas otra fiesta en tu homenaje,
al menos un poema,
el corusco de desfile rimbombante.

 

Tengo el honor,
el oropel ennoblecido.

 

 

 

Filosofía de la vida

 

¿Quieres levantar el mundo?
Es una lástima.
El mundo es levantado
y rebajado simultáneamente.

 

Tú decreces.
Tú decaes.
¿Oyes ese rumor?
Continua
y a veces simula el diálogo.

 

Respondes
a sus preguntas,
las que tú mismo atribuyes a él.

 

Tantas preguntas
y otras tantas respuestas.

 

Es tu filosofía de la vida.
Con ella quieres levantar el mundo.
Es una lástima.

 

Sólo que sabes,
te da pena.

 

 

 

El tacto

 

El plano de un país milagroso.
Los cajones sin orillas de los ríos salados.
Debajo de ellos el metal bullido fluye.
Una talle femenina enmohece en mis manos.

 

 

 

Nieva

 

Ángeles glaciales caen del cielo.
Las fuentes nevadas nacen en sus bocas.
Líneas concupiscentes de nieve han madurado.
Sólo yo miro sin mover mis manos.

 

Así me despierta
el aliento álgido de una flauta helada.

 

 

 

Garúa

 

El amanecer en tus ojos,
como en el estanque.
Me besas fríamente
a mi cara ausente.
A mí me miras de ventanas matinales,
un instante ante el despierto.

 

Así
paso desapercibido 
alrededor de tu tristeza.

 

 

 

El enlace nocturno

 

Admiro sonrisas
de maniquíes enceradas
y borrachos.

 

Su fe.
Su humildad.
Su precisión.
Su infalibilidad
determinada por la oficina de normalización.

 

Admiro
sus almas empapeladas
llenas de la luz y el brocado.
Sus responsabilidades y competencias
excedidas
el precio de taxis.

 

Me espanta sólo apatía
de personas escuchadas
la respiración grave de los omnibuses de trole.

 

 

 

El verano

 

El sol ha roto las ventanas.
El canto suena con insistencia en la calle.

 

En el cielo de celofán
el humo se precipita.
Aumenta el número de noticias
de viento.

 

Los árboles comienzan a charlar
de mí y de tí.

 

 

 

A ti

 

Provienes de la fragancia.
Una flor arrugada.
Te aspiro como el humo anudado.

 

Vives en el cielo de estrellas
y en la esfera del cronógrafo.

 

Me narcotizas seguramente
y más rápido que la luz.

 

Me duele la cabeza por ti
y hasta ahora te confundo con la música.

 

 

 

Está fuera

 

Todas las voces internas están roncas
y se quejan de la noche fría.

 

Sin manos y sin alas
la luna reducida máximamente
había caído del cielo
y se ha aplastado
directamente en nuestro huerto.

 

Ya granjea primeras amistades.

 

 

 

Un lugar doméstico

 

Reprendo en vano
a mi mujer
que no amoneste
al genio.
Lo anoté
por escrito
para la posterioridad
como una lección para la vida y la muerte.

 

 

 

Pax militaris

 

La paz no es un sueño de mujeres.
La paz es una lucha.

 

La paz no vive en palabras.
La paz espera su oportunidad
escondiendo en cohetes nucleares.
Una paz rapidísima
acrece con la celeridad supersónica.

 

¿Quieres la paz?
¡Tenla!
Dentro de poco
va a herirte.

 

Una paz permanente y fortísima –
– la paz con una fuerza de trescientos cincuenta mil toneladas de trinitrotolueno. 

 

 

 

Bachillería sobre el sepulcro

 

Torpes dan contra las lámparas
como mariposas nocturnas.
Borrachos maduros caen.
En el parque de atracciones los generales locos
en sayas verdes hacen muecas.
En el centro de la urbe el bosque arde.

 

En el barco de la boca musitante
nadas a la fábula .

 

Mi corazón da la hora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Del idioma eslovaco traducido por Michael Doubek

 

 

 

 

 

 

 

 

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Pavol Janík, Mgr. art., Ph.D., nació en Bratislava (Eslovaquia) en 1956. Después de terminar los estudios de escenografía y cinematografía en la Facultad del Teatro (Academia de los Artes) en Bratislava, trabajó en el Ministerio de la Cultura de Slovaquia (1983 – 1987), en la publicidad y en los periódicos y la televisión. En los años 1998 – 2003 fue secretario de la Asociación de Escritores Eslovacos. Del 2003 es presidente de esta asociación. Por su obra literaria y producción publicitaria recibió varios premios nacionales e internacionales.

 

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