Marin Malaicu-Hondrari

 

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Corazón oxidable

 

para CARDUMEN, una obra forjada en hierro de Mercedes Cano y Antonio Sobrino

 

Cardumen- mapa sinuoso de mis sueños,
vértebras metálicas de un precipicio.
Soñé con peces de hierro
y con una voz que cambiaba a menudo
como la voz de un niño que está jugando solo.
No temo a las vicisitudes,
decía la voz,
soy el hierro- temo al aire.
Dejaré que mires el jardín (ahora derrumbado)
dejaré que salgas a la calle
incluso dejaré que te olvides de mi por un instante.
Ya sé que volverás
(soy el hierro- me equivoco una vez cada mil años).
Piensa cuantas veces mi forma parecía inconclusa.
Soy el cardumen del hierro.
Bajo y subo según una marea invisible.
Antes fui una tierra baldía.
Me iluminaron con llamas
me domaron a golpes.
No pienso vengarme.
Mi paciencia es infinita.
Mírame. Me volvieron voluble.
Te enseñaré mi corazón oxidable.

 

 

Immigrant song

 

1.

 

Entro en España bien afeitado , con la melena cortada:

la imagen fetiche de Occidente.

No he llegado para dedicarme al sol

tampoco al sur

ni a la mística luz de Andalucía.

 

Al atardecer, mucho antes que luna, centellean los carteles

la idolatría del comercio enciende el cielo.

 

Aquí, la luna alumbra a través de mil velos,

pero, a medianoche, si te abandonas a un instinto

que no pertenece a Oriente ni a Occidente

sino a la ubicuidad

puedes ver el árbol lleno de pájaros dormidos

(faltan la poca humildad y la sabiduría del rayo

cuando atraviesa el follaje).

 

¿Me convertiría en un poeta en traje de gala?

¿Aceptaría la gratitud burlesca del “perturbador”?

Mírame,

un moribundo asistiendo en la cabecera

de las tres culturas cordobesas moribundas.

Lavo mi cara con agua calcárea

así todos los días espeso la blancura del rostro de payaso.

 

Me duele la cabeza.

Me duelen los dientes.

Me duele el vientre.

Miento.

Y cuando no miento, altero el sentido.

 

Entre el Puente Romano y el Puente San Rafael,

el agua del Guadalquivir es más conmovedora que nunca.

Sus olas lodosas en delirio superan

la ola de calor, la ola de ilusiones.

Estoy en la cima de una oleada de ilusiones.

Mis dedos se han embrollado

en el pecho peludo de una noche sin fin,

noche libidinosa de ecos craneales.

 

2.

 

Calles que rehacen la memoria de Córdoba.

Calles estrechas como una mirada sesgada.

Memoria empacada a toda prisa.

Medias miradas escondidas detrás de los abanicos perfumados.

Tango y flamenco poniendo nostalgia en ojos y oídos viejos.

Y todo en el nombre del tiempo – esa obsesión del cuerpo.

 

He visto un hombre a punto de hablar solo

y mujeres con los labios calientes como la sangre del toro

con las miradas igual de desanimadas.

 

Estoy en un patio lleno de turistas conformes con la Unión

y con la obediencia del guía.

Escucho el cuento de la fuente.

Parece que ha vencido el discurso didáctico,

el zumbido de las cámaras digitales,

la obsesión del móvil.

El inventor de la agenda ha mandado hasta aquí sus representantes.

 

Fumo.

Cuando no sé qué hacer, fumo.

El susurro de la fuente se ha levantado hasta el cielo.

Son las nueve y veinte. Entonces son las diez y veinte.

 

(Después de más de 400 días entre extranjeros

ha regresado a su casa sin coche y con poco dinero).

 

Alguien dejó caer un llavero sobre las piedras romanas.

Aquí, donde hay tanta hermosura

también cabe mi sufrimiento.

 

(¿Por qué pasaría una hora más pensando en ella?

En aquel portal habría podido juntarme a Nerval

o con Celan en mitad del puente).

 

Ayer me traicionaron las manos.

Hoy me traicionan los pulmones.

La mente astuta y el alma rapaz se han juntado

en el nombre del numerador de cañas.

Cantante ciega, cantante de noche,

tintinea tus dineritos

mira, nos vamos cantando bajito.

 

 

La inexactitud del poema

 

hay un hombre y un sueño

y una mujer leyendo en voz baja un poema

para el hombre que la contempla.

mañana habrá despedida .

 

la mujer abre la ventana Rimbaud.

el hombre cierra la puerta Cortázar,

acude a la extracción de la piedra de la locura

cuando la mujer mira lentamente hacía Osa Mayor .

mañana habrá despedida .

 

sombra sobre sonrisas.

no hay manera de alargar la noche.

no hay manera de encontrar debajo de la cama

la cajita de cartón,

estos libros de su infancia que ya no sirve para nada:

mañana habrá despedida.

hay un hombre y una mujer que lo contempla.

ella piensa que mañana habrá despedida.

el sabe que no es más que una inexactitud del poema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marin Mălaicu-Hondrari nació el 29 de enero de 1971. Debutó con un volumen de poesía titulado El vuelo de la mujer sobre el hombre (Editura Eikon, Cluj, 2004), que fue galardonado con el Premio de Debut de la filial de Cluj de la Unión de Escritores de Rumanía. En 2006 publicó un volumen de prosa, titulado El libro de todas las intenciones (Editura Vinea, Bucarest), que le confirmó como una nueva e importante voz en el panorama literario rumano y que fue muy apreciado por importantes autores rumanos contemporáneos, como Mircea Cărtarescu. Además, ha publicado su poesía en las antologías Camera y La neagra. Vivió cinco años en España y ha traducido poesía de diferentes autores hispanohablantes, como Roberto Bolaño, para diversas revistas de literatura. En 2010 publicó un nuevo volumen de prosa, la novela Apropierea (Ed. Cartea Românească), un éxito tanto para la crítica como para el público.

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