María Rosa Lojo

 

 

(Argentina)

 

 

 

FRAGILIDAD DE LOS VAMPIROS

 

Algunas veces cazamos vampiros. No son repulsivos ni malvados como cuentan las leyendas y predican las moralejas. Tampoco asumen formas humanas ni muerden el cuello de las mujeres hermosas para darles un placer que humilla a todos los varones mortales. No parecen fuertes y no besan con labios ni atacan con colmillos. Al contrario, son delicados como telas de araña y pequeños como luciérnagas.

Para atraparlos hay que esperar desnudos en la oscuridad y adelantar al vacío una red pálida y furiosa. El blanco de la piel o de los ojos o de los dientes, las reverberaciones lunares de la red, los marean. El olor del cuerpo sin ropas los conduce, la fantasía del cazador los abraza con ardiente silencio. Es fácil entonces asirlos entre las yemas de los dedos para devorarlos o encerrarlos en frascos transparentes. Algunos los esconden entre los vellos del pubis, otros los disuelven en jugo de adormideras para que el significado de sus sueños exceda la miseria de los días que mueren.

Otros se vuelven vampiros también ellos: criaturas de belleza incomprensible, víctimas de los nuevos cazadores que aguardan, los cuerpos irradiantes como lámparas.

 

 

 

TRANSPARENCIA

 

Todos los atardeceres la mujer se sienta en el patio de la casa. Si alguien la acompañara vería como su cuerpo se vuelve transparente al compás de la sombra. Primero surge un mapa encendido de venas y de vísceras, luego, más abajo, una población de huesos huecos por donde el viento corre como un golpe de música.

La mujer sonríe y levanta un brazo en la noche incipiente. Unos minutos más y se apagará el resplandor del hueso iluminado por canciones remotas y ocultará la piel el color de la sangre.

Cuando todo concluye, ella guarda la silla bajo el alero y vuelve a la cocina, llevándose el secreto de la transparencia del mundo.

 

 

 

AMOR CONSTANTE

 

Sé que tu mano saldrá por debajo de la tierra para sostenerme –será semejante a una raíz, con nudos impenetrables al desgaste–. Sé que tu mano se curvará y se ahuecará para darme reposo. Sé que se cerrará y que se alzará, para que me levante contra el temor del cielo. Sé que las noches la bruñirán como un espejo donde se refleje mi vida, para que me vea en sueños.

Sé qué tu mano de ceniza tendrá sentido y latirá como tu corazón, constante nueve lunas para crecerme.

Sé que dibujará el último círculo de amparo y que me acostará en el centro de aquel aro de fuego.

Y todo el viento cayendo en el oscuro no podrá deshacerlo.

 

 

 

QUEIMADA

 

La queimada es un brebaje de alcohol, frutas y miel que arde en la primera noche del invierno para que el fuego de los inmortales pase a las venas de humanas criaturas y con su eterno Mal y su fuerza radiante las proteja de los mezquinos males transitorios.

La receta se aplica en forma ilícita, ya que está patentada en los Infiernos, y su obtención fue producto de la astucia y el robo. Pero como Satanás se halla al margen de toda ley y Dios se divierte con sus pequeñas derrotas, ningún mortal fue ni será sancionado jamás por encender las llamas azules cuando se apagan todas las otras luces del cuarto. La semilla del fuego demoníaco empieza entonces a crecer en el pote de barro y a verterse en las tacitas que se levantan.

Su dulzura quemante limpia a los hombres de los malos sueños y las pasiones inútiles y la envidia que sienten unos hacia los otros. El efecto embriagador dura hasta después del amanecer, modifica el sentido recto de las palabras y tuerce la dirección de las pisadas obedientes. Los bebedores envían entonces sus sombras lavadas y planchadas por los caminos del trabajo, y brillan en las copas de los pinos, flotantes e inasibles como los fuegos fatuos.

 

 

 

OJOS DE DIOS

 

Los ojos de Dios crecen en las cavidades como los hongos bajo la humedad de las lluvias. Nacen sin cultivar, indisciplinados y múltiples, para ser devorados por animales pequeños o por niños cazadores de lagartijas.

Cada ojo es un mundo minúsculo que sólo puede verse al trasluz. Pero nadie se detiene a mirarlo y el diseño profundo y delicado de todo un cosmos desaparece bajo los colmillos de un perro o los dientes de un chico, con un sabor agridulce y una consistencia viscosa que estimula la desazón y la melancolía.

Los perros vagabundos que anuncian funerales, los hombres atrabiliarios y las mujeres estériles son -dicen- los que comieron ojos de Dios y ahora ambulan por los bordes de la vida, ciegamente rencorosos y tristes porque alguna vez tuvieron y perdieron la más secreta irradiación del mundo.

 

 

© María Rosa Lojo

 

 

 

 

 

 

 

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BIO

 

MARÍA ROSA LOJO (Buenos Aires, 1954) hija de españoles, es una escritora e investigadora argentina. Se doctoró en Letras por la Universidad de Buenos Aires y se desempeña como docente universitaria e Investigadora Principal del CONICET. Su obra de ficción en castellano incluye cuatro libros de microficciones líricas compiladas en Bosque de Ojos (2011). Su prosa comprende las novelas La pasión de los nómades (1994), La princesa federal (1998), Una mujer de fin de siglo (1999),  Las Libres del Sur (2004), Finisterre (2005), Árbol de familia (2010) y Todos éramos hijos (2014) así como las colecciones de cuentos Historias ocultas en la Recoleta (2000), Amores insólitos de nuestra historia (2001), y Cuerpos resplandecientes. Santos populares argentinos (2007). Entre otros, obtuvo el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984), el Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985) y en novela (1986), el Segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires y el Primer Premio Municipal de Narrativa de Buenos Aires “Eduardo Mallea” (1996). Recibió varios reconocimientos a la trayectoria, como el Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California (1999), el Premio Kónex (1994-2003), el Premio Nacional “Esteban Echeverría” 2004, por el conjunto de su obra narrativa, la Medalla de la Hispanidad, la Medalla del Bicentenario de la Ciudad de Buenos Aires (en ocasión del Segundo Centenario de la Revolución de Mayo de 1810), el Premio a la Trayectoria en Literatura de APA (Artistas Premiados Argentinos), 2014.

 

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