Luís Miguel Nava

 

 

(Portugal)

 

 

 

O Grito

 

Corria pela rua acima quando a súbita explosão dum grito o fez parar instantaneamente. Todo o seu corpo estremeceu. O que ele desde sempre receara acabara de ocorrer: algures, nesse momento, uma caneta começara a deslizar sobre uma folha de papel, dando assim corpo àquele grito que de há muito, como as esculturas no interior da pedra, se mantinha na expectativa desse simples gesto dum escritor para atingir a realidade. Tapou os ouvidos com as mãos. O grito mais não era que um sinal, mas o que esse sinal lhe transmitia deixava-o aterrado. Acabara de ser posta a funcionar uma engrenagem que a partir de agora nada nem ninguém, e muito menos ele, iria alguma vez poder travar, um mecanismo de que ele próprio iria inapelavelmente ser a maior vítima. Mais tarde ou mais cedo isso teria de se dar, mas agora que, sem qualquer aviso prévio, se soubera propulsado para outra dimensão da sua vida, como se os fios que a governavam tivessem repentinamente mudado de mãos, o facto de há longo tempo o pressentir não o impediu de olhar à sua volta com estranheza, uma estranheza que antes de mais nascia de tudo à primeira vista ter ficado como estava, desafiadoramente incólume, intacto, familiar. A linha do seu destino confundir-se-ia doravante com a que, sabe-se lá onde, uma caneta ia traçando no papel, página após página, mas nada na expressão dos prédios ou nos carros que indiferentemente continuavam a sulcar as ruas parecia indiciar que, dentro ou fora dele, algo se houvesse transformado ao ponto de o seu quotidiano disso se vir a ressentir. Após alguns segundos, retomou a direcção em que seguia, já não correndo mas imprimindo, ainda assim, um certo à-vontade à sua marcha, muito embora desde logo lhe fosse mais ou menos evidente que, a cada um dos seus passos subsequentes à audição do grito, qualquer coisa se inscrevia dentro de si mesmo, um número, uma cifra, uma palavra susceptível de um dia se vir a converter num utensílio graças ao qual também aquele que bem no fundo de si próprio se esforçava por chegar à realidade poderia finalmente abrir caminho, rompendo através da massa do seu sangue e dos seus músculos do mesmo modo que ele através da multidão que o fim da tarde ia entretanto aglomerando nos passeios. Mas em que língua isso seria?

 

Luís Miguel Nava, en ‘Vulcão’

 

 

 

EL  GRITO

 

Corría calle arriba cuando la súbita explosión de un grito le hizo parar instantáneamente. Todo su cuerpo se estremeció. Lo que él siempre temiera acababa de ocurrir: en algún lugar, en ese momento, un bolígrafo comenzó a deslizarse sobre una hoja de papel, dando así cuerpo a aquel grito que desde hacía tiempo, como las esculturas en el interior de la piedra, se mantenía a la espera del simple gesto de un escritor para alcanzar la realidad. Se tapó los oídos con las manos. El grito no era más que una señal, pero lo que esa señal le transmitía lo dejaba aterrado. Se ponía a funcionar un engranaje que a partir de ese momento nada ni nadie, y mucho menos él, podría alguna vez frenar, un mecanismo del que él sería inevitablemente la principal víctima. Tarde o temprano eso tenía que ocurrir, pero ahora que, sin previo aviso, se sabía propulsado a otra dimensión de su vida, como si los hilos que la gobernaran hubiesen cambiado repentinamente de manos, el hecho de haberlo presentido hacía tiempo no le impidió mirar a su alrededor con extrañeza, una extrañeza que nacía de que todo, a primera vista, había quedado como estaba, desafiantemente incólume, intacto, familiar. La línea de su destino se confundiría en adelante con la que, quién sabe dónde, un bolígrafo iba trazando en el papel, página tras página, pero nada ni en la expresión de los edificios ni en los coches que indiferentemente continuaban atravesando las calles parecía indicar que, dentro o fuera de él, algo se hubiese transformado hasta el punto de que su vida cotidiana se resintiera. Tras algunos segundos, retomó la dirección que llevaba, ya sin correr pero imprimiendo, aún así, cierta voluntad a su marcha, sin embargo era para él más o menos evidente que, a cada uno de sus pasos que siguieron a la audición del grito, cualquier cosa se inscribía dentro de sí mismo, un número, una cifra, una palabra susceptible de convertirse algún día en un utensilio gracias al cual también aquel que en el fondo de sí mismo se esforzaba por llegar a la realidad podría finalmente abrirse camino, atravesando la masa de su sangre y sus músculos del mismo modo que entre la multitud que al final de la tarde se aglomeraba en los paseos. ¿Pero en qué lengua sería eso?

 

 

Traducción de Pedro S. Sanz

 

 

 

 

 

 

 

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BIO

 
Luís Miguel Nava (nombre completo: Luis Miguel de Oliveira Perry Nava) nació en Viseu en 1957 y murió asesinado en 1995 en Bruselas, donde trabajaba como traductor para la Comunidad Económica Europea. Antes había sido lector de Portugués en la Oxford University y profesor asistente en la Faculdade de Letras da Universidade de Lisboa, donde se había licenciado en Filología Románica. El encuentro en 1975 con Eugénio de Andrade fue determinante en su evolución poética. Esta considerado uno de los principales autores de la década de los 80 en la literatura portuguesa. Vulcão, libro del que forma parte el poema traducido, se publicó en Lisboa un año antes de su muerte.

 

 

 

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BIO

 

 

Pedro Sánchez Sanz (Sevilla, 1970). Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla, trabaja como docente en Jerez de la Frontera.

Ha publicado una colección de relatos, Huidas Imposibles (2011)  y varios libros de poesía,  entre los más recientes La templanza y otros georemas (2013), Abisales (2015) y Razón de las islas (2017).
Ha recibido algunos premios literarios tanto por su narrativa como por su obra poética,  entre los que destacan el Premio Internacional Platero de Relatos, del Club del Libro en Español de la ONU (Ginebra) y el Premio Internacional de Poesía Rilke.
Ha traducido y publicado una antología del poeta británico Edward Lucie-Smith, Hacia el silencio (2016) y ha traducido también una selección de poetas portugueses actuales y una antología del poeta portugués Luis Miguel Nava,  ambas de pronta aparición.
Actualmente es miembro del consejo de redacción de la revista de poesía CAL y codirige Juego de Espejos,  colección de cuadernos de traducción poética.

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